Monday, July 11, 2005

VERACRUZ - TULANCINGO

VERACRUZ,, 8 de Diciembre 1888

…….El Lunes por la mañana tuve mucho que hacer y a las 11 salí en tren a Medellín, adonde llegue como a las 12 o 12:30. Hay una especie de sala de espera, es una choza de madera rodeada por una terraza en medio de muchas palmeras, donde festeje el cumpleaños de Elena y brinde a vuestra salud. Luego seguí a la una con el tren de mulas. Íbamos por un camino tan angosto que justo cabían los carros. Toda la tarde atravesamos bosques de hermosos árboles, exóticas plantas y flores, hasta que a las 6 de la tarde llegue a Alvarado. Ahí tuve que pasar la noche. Para mi sorpresa me encontré un precioso hotelito, aunque por dentro no tan acogedor, pero situado bellamente junto a un gran lago. Me dieron el mejor cuarto con balcón con vista al lago.. No exagero cuando diga “el mejor cuarto” ¡era el único que tenían! Pero como había otro cliente, tuve que compartirlo con el.. Este era un típico indio mexicano, que al principio me pareció bastante silvestre, pero durante la platica resulto que era de un poblado al cual tenia que ir durante este viaje. Amablemente me invito a quedarme en su casa, ya que allá no había ni hotel ni posada, así que procure hacerme su buen amigo. Alvarado esta separado del mar solamente por una montaña pelona de arena. Subí esta duna – todavía antes de la puesta del sol – lo que me costo mucho trabajo, pero fui compensado ampliamente por la vista que se me ofreció desde ahí arriba. Por un lado el mar brillaba como oro pulido bajo el sol poniente, del otro estaba la pintoresca ciudad de Alvarado, en la orilla de un lago. A este desembocan, justo enfrente, dos grandes ríos. No me pude separar de este hermoso lugar hasta que se había puesto el sol y repentinamente oscureció., Como ya me sentía algo cansado y no tuve ganas de bajar caminando por la arena en la oscuridad, simplemente me senté y baje como en una resbaladilla. ¡Que mas da, pensé, el pantalón viaja por cuenta de la compañía!
Después de una cena muy pobre pase la noche en un sueño tan profundo, que no desperté hasta que mi compañero de cuarto salto de la cama con el grito “! Esta pitando el barco!”. Nos atropellamos con las prisas de vestirnos y bajamos corriendo hacia la orilla del lago, donde nos subimos a un barquito del tamaño de los que viajan por el Rhin. En este cruzamos el lago y subimos por uno de los ríos mencionados ----
Era un viaje maravilloso en la frescura de la mañana. El río era ancho, con bosques que llegaban hasta sus orillas: ahí vi por primera vez verdaderos cocodrilos, quiero decir en libertad, que había en gran cantidad. Así llegue a las 11 de la mañana a Tlacotalpan con un verdadero “hambre de cocodrilo". Era la primera meta para mis negocios. Ahí me separe de mi nuevo amigo, quien siguió su camino a caballo.
Cerca del muelle donde atraco el barco encontré un buen hotel, ya que Tlacotalpan es una ciudad grande y comercialmente muy importante. Desayune con ganas y muy bien y luego me puse a trabajar arduamente, con buenos resultados.Cuatro días después continúe el viaje, sentado todo el día en una angosta canoa. Viajamos río arriba a través de una hermosa noche de luna llena. A la 1 llegamos a Alonzolazaro donde, con mucho trabajo, encontré un albergue para el resto de la noche. El día siguiente fue de descanso, naturalmente, porque estaba hospedado muy a gusto en casa de una joven viuda. Busque animales y mozos para poder seguir mi viaje al día siguiente. Levante campamento a las 3 de la mañana. El primer tramo del camino lo hice otra vez a bordo de una canoa, ya que durante las lluvias muchos ríos habían crecido y salido de sus causes, inundando los caminos y prados. Como a las cinco de la madrugada me bajaron en la orilla de un bosque, los caballos y mulas nos habían seguido a nado. Ensillamos, cargamos a las mulas y proseguimos. Primero atravesamos grandiosos bosques, después hizo un calor asesino y a medio día llovió. Naturalmente estaba empapado hasta los huesos cuando llegamos a las 3 de la tarde a San Andrés Tuxtla.
San Andrés es una ciudad bastante grande, típicamente mexicana, importante por su comercio de café y tabaco. Ahí se da el mejor tabaco mexicano, que me gusta más que el de Habana. Me quede unos 5 días. Hacia mucho calor, cada mediodía llovía y los negocios fueron aceptables. Ahí festeje mi cumpleaños con una familia española, lo cual, creo, ya les conté en la carta a Mama. Desde ahí llegue en dos días de marchas forzadas a Acayucan. El primero de estos dos días es inolvidable, difícil de describir. Creo que fue el día más bello de todos mis viajes.
Salí a caballo de San Andrés Tuxtla, temprano en una mañana fresca y deliciosa. Atravesamos plantaciones de tabaco y café, hasta llegar, después de 2 horas, a un gran río. Ahí tuvimos que desmontar, descargar todo y me subí con mis tiliches a una lancha. Jalando a los animales detrás de nosotros cruzamos el río. En el otro lado volvimos a ensillas y cargar a las bestias y seguimos por impresionantes barrancas, sensacionales selvas, no tan primitivas como las del Brasil – pero también grandiosas. Por horas y horas el camino serpenteaba alrededor de gruesos árboles muy altos, con las copas tan cerradas que no se veía nada del cielo.; muchas veces me sentía como en una iglesia. El ambiente era fresco, impregnado de las fragancias de miles de flores. Las voces mas extrañas de aves exóticas llenaban el ambiente. También estaban presentes los papagayos con sus horribles graznidos, ardillas saltaban de un tronco al otro y mariposas de los colores y formas mas extrañas revoloteaban constantemente a mi rededor.

En fin, es muy difícil que te puedas hacer una idea de una selva mexicana como esta. Aunque yo prefiera nuestros bosques alemanes, estos también tienen su gran encanto. A la puesta del sol salimos del bosque a un prado muy extendido, lleno de vacas, bueyes y caballos pastando. A lo lejos había un cerro en cuya cima se veían unas casas y una torre. Esta era la hacienda” Corral Nuevo.” A ella me dirigí para pasar ahí la noche.” Hacienda “se llama lo que nosotros llamaríamos rancho señorial y esta era la mas grande de México. Tiene mas o menos 20 millas de largo por 20 de ancho, tiene mas de 30,000 cabezas de ganado – hasta donde sea posible contarlos – ya que hay miles escondidos en los bosques, completamente salvajes, que ya no salen nunca de ahí. Durante las secas cada año mueren unos 500 reses de hambre y de sed, lo que no importa para nada, ya que el año siguiente se duplican o triplican nuevamente. Este “Corral Nuevo” consiste en la casa señorial del dueño y de un pueblito, donde viven los trabajadores. Mi guía me recomendó una familia de carpinteros, que atienden muy bien a los forasteros. Fui ahí y me recibieron muy amablemente, pero no había cama, lo único que en este momento mas se me antojaba. Aunque el dueño me ofreció la suya, preferí probar una hamaca hecha en Campeche que había comprado afortunadamente en San Andrés. La colgué afuera y pase una agradable noche de luna llena. A las 4 de la mañana siguiente nos preparo la señora un rico café y seguimos adelante. Al principio otra vez muy a gusto en el aire fresco de la mañana. El camino también era agradable, pero a las 10 ya empezó a llover y no paro hasta que llegue a las 4 de la tarde, completamente ensopado, a Acayucan. Allá encontré en la posada un cuarto aceptable y lo mejor de todo ¡cerveza de San Luís!
Acayucan es un poblado importante, venido a menos por malas cosechas de café y tabaco durante los últimos años. Por eso el negocio no era muy bueno y estuve contento de poder dejarlo después de 3 días.
De ahí me dirigí a Jaltipan. También esta parte del camino era fabulosa, a través de tierra de monos. Pase por una selva, donde las lianas colgaban en manojos gruesos desde las ramas mas altas de los árboles. Y en medio de las ramas y lianas retozaban changos y changuitos, que eran tan graciosos, que muchas veces me quede parado, admirando el espectáculo. En esto paso una bandada de papagayos volando y me despertaron de mi ensueño con sus insoportables gritos. Desafortunadamente había mandado a mi guía que se adelantara con las mulas, sino le hubiera pedido que me cazara un changuito de estos para ti, para mandártelo. Eran tan lindos!
Jaltipan es un villorrio espantoso y mas horrenda es su población. La gente debe pensar que viven en el paraíso, ya que andan por ahí en traje de Adán y Eva, sin apenarse en lo mas mínimo. Sin embargo la gente es rica, tienen dinero, ya que todo se da allá: su tabaco es famoso, hay café, algodón, maíz y arroz, además tienen muchos animales. Llaman la atención sobre todo los puercos, los que corren en grandes cantidades por todos lados. Y eran verdaderos puercos que hacían honor a su nombre, Estos animales se revolcaban en los lodazales hasta que parecían frutas cubiertas de chocolate! Allá en Jaltipan vivía aquel “amigo” que conocí en Alvarado. A mi llegada me hice llevar a su casa y lo honre con mi visita. Sus padres, unos viejos en los 70s, estaban fuera de si de gusto de poder albergar a un Alemán y me trataron como realeza. Así que pase con ellos unos días muy bonitos. El Domingo tuve que acompañarlo a ver sus plantaciones de tabaco y sus tierras. En la tarde fuimos con varios conocidos de cacería y cazamos un jabalí y dos venados. El primero nos lo cenamos luego, luego, de los últimos me regalaron las cornamentas. Ahora decoran mi habitación como perchas para mis sombreros.
Desde Jaltipan fui a Minatitlan, donde me tuve que apurar con mis negocios, ya que el día siguiente salía el paquebote para acá. Me embarque la tarde siguiente y viajamos toda la noche por el Golfo Mexicano, de manera que en la mañana llegue a casa.


TULANCINGO, 13 de Junio de 1889

…¿Quieres saber algo mas de mi viaje? Pero solamente puedo contarte poco, ya que tengo que escribir algunas cartas más.

El 3 de este mes salí de Veracruz y tome el tren hasta Irolo, desde donde debía seguir hasta Pachuca. Pero cuando llegue ahí me dijeron que antes de la tarde del día siguiente no había ningún tren para allá. Bueno, en este villorrio, donde ni siquiera había una posada y menos algo decente de comer y beber, no me iba a quedar a aburrir. Con relampagueante rapidez volví a coger mi tren y seguí hasta la capital de México, que se encontraba a solo tres horas de ahí. Allá llegue a las 8 de la noche, aventé mi equipaje en algún hotel y salí disparado, mugroso como había llegado, a buscar unos amigos, de los cuales no tenia ni siquiera la dirección. Después de media hora me tope de pura casualidad con el preferido de ellos y luego con otro que me valía mas que todos los demás: mi queridísimo cuñadito*, que estudia leyes en México. Así que pase este día tan contento que no me dieron ganas de proseguir viaje al día siguiente. También este lo pase adustísimo, luego hice una visita “de doctor” a nuestra oficina y el segundo día pensé que ya debía irme a Pachuca. Tome el tren y llegue allá en la tarde. Es una región preciosa, con muchas minas de plata. Por casualidad conocí a un alemán, el Sr. Brenda, quien es el director de una de las minas mas grandes de ahí. Entonces me tome un día libre, el que pase casi por completo con el en su mina. Anteayer seguí con una diligencia destartalada hasta aquí.
Aquí se termina toda señal de civilización: correo, diligencia, tren, no hay nada. Hay que seguir a caballo y mula hasta Zacatlan, Zacapoaxtla y Texintlan. Ahí llego a tierra conocida donde ya estuve el año pasado, si te acuerdas, en Altotonga, Jalapa, Coatepec etc.

¡Quisiera haber llegado ya


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