Monday, July 11, 2005

Sobre el rio San Juan

SOBRE EL RIO SAN JUAN, 16 de Agosto de 1888

…Estoy enchufado aquí en una canoa, de mas o menos 18 m de largo por 1 m de ancho, encima hay un techo para protegernos del sol. Cada vez que me quiero mover golpeo con mi cabeza en el. Estoy sentado sobre una sillita de niños con todas las cualidades para ser la incomodidad personificada. Mi maleta la tengo parada delante de mi a guisa de escritorio, y sobre ella estoy escribiendo esta carta.

¡En esta posición me he balanceado ya por 6 horas ¡ Ya leí una novela española, he leído todas las historias de los pleitos y la enfermedad del emperador Federico. Esto me aburría terriblemente por haberlo oído ya muchas veces últimamente, pero estaba demasiado curioso como para saltarme un renglón.
El Sábado había llegado a Veracruz y el Lunes en la mañana a las 11 tuve que salir otra vez. En este corto lapso naturalmente hubo mucho que hacer y que hablar.

En este momento, subiendo el río de San Juan, me encuentro embarcado en un viaje, saliendo de Tlacotalpan, donde hice muy buenos negocios. Voy a Alonzolazaro, para ir mañana desde ahí a caballo hasta San Andrés Tuxtla. Pero no quiero demorar mas en contar este viaje, sino contarte el anterior, antes que se me olvide.

Aquella vez me mandaron con tal premura que ni siquiera tuve tiempo de informarme sobre los trenes. Así que el Domingo iba por tren, por el mismo hermoso camino que hice el año pasado a Puebla; esta vez solamente iba hasta San Marcos. De ahí debía tomar un ramal hacia San Juan de los Llanos. Pero cuando llegue a las 3 de la tarde, me informaron que no había tren para allá hasta el día siguiente. ¡Tampoco había hotel ni fonda, hubiera tenido que pasar toda la noche en la sala de espera! ¡Esto me pareció demasiado duro! Pero este ramal sigue en dirección opuesta hasta Puebla y un tren salía dentro de 5 minutos. ¡No lo pensé dos veces! ¿Qué era mas natural que tomar este tren con el que estaba en Puebla hora y media mas tarde? Ahí pase una bella tarde de Domingo con buenos amigos y la noche también.A la mañana siguiente tome el tren a San Marcos y de ahí a San Juan, adonde llegue a la una del mediodía. Ahí tuve que pasar la noche para salir la mañana siguiente con el carro del correo. ¡Que carro! Parecía una de estas viejas calesas que se ven allá en los castillos, con dos asientos traseros y dos delanteros, jalada por 8 a 10 mulas.
A las 2 de la mañana salimos, con mucho frío, ya que nos encontrábamos a gran altura. Otra vez me fue de gran utilidad mi viejo abrigo militar. Así seguimos nuestro camino, al principio a través de la noche, después pasamos por hermosos bosques de coníferas. Cuando se hizo luz, pude conocer a mis compañeros de viaje: se componían de una linda mamacita y su mucho mas linda hijita, de unos 16 años, de hechura campesina, pero muy dulce. Al rato saque mi desayuno y lo compartí con ellas; entonces nos hicimos buenos amigos. Así seguimos, con una corta parada, solo para cambiar los animales, hasta mediodía. El camino era casi siempre cuesta arriba, ya que teníamos que cruzar una cordillera. A partir de las 11 era de bajada. ¡No tienes idea como íbamos! ¡El camino era indescriptible, no te lo puedes imaginar! Ni en nuestra región, ni en toda Alemania, hay nada semejante. Eran casi únicamente rocas y peñascos juntados lo mejor posible. Donde se componía de tierra, había profundos surcos dejados de ruedas anteriores. Luego pasaba a lo largo de un espantoso abismo, donde hacia 15 días, en medio de un torrencial aguacero, se desbarranco un carro con el carretonero y 6 pasajeros. ¡Todos estaban muertos al llegar al fondo! Ahora tiene que acompañar un hombre al carro, corriendo al lado opuesto, sosteniéndolo con una soga que esta amarrada en la parte superior. Declare que esto era una insensatez – como tu seguramente también hubieras dicho. Este comentario mío cayó en tierra fértil, ya que deje de ver al tipo brincando junto al carro. ¡Se había sentado muy a gusto en la parte de atrás. Te puedes imaginar que, bajo semejantes circunstancias, no íbamos mucho tiempo sentados en los asientos; rebotábamos constantemente en el aire y pronto no sabíamos lo que era abajo ni arriba. Cuando la cosa iba calmada, hazte cuenta que ibas montando a trote o galope. Pero repentinamente volabas a la derecha, a la izquierda, pa´rriba, pa´bajo como pelota. A ratos las dos damas amenazaban con aplastarme con tantas ganas caían encima de mi. Con esto la linda chiquilla se mareo, y me dio tanta lastima, que les ofrecí sentarme en medio de las dos, para que se agarraran de mi, lo cual aceptaron agradecidas. Me cambie al asiento de atrás y atranque las piernas contra el delantero. La mama no me interesaba tanto, pero se agarro de mi brazo con desesperación. En cambio la pequeña Manuelita, la abrace con gran ternura y la sujete fuertemente contra mi corazón. Ella parecia sentirse muy a gusto, ya que pronto le subió el color a sus mejillas. Así la pase bastante bien. Algunas veces salíamos disparados los tres al aire, como si hubiera explotado un polvorín debajo de nuestros asientos, pero aterrizábamos siempre juntos y ya no rebotábamos tan locamente.
A las tres de la tarde llegamos al fin a Teziutlan, mas muertos que vivos después de un viaje de 12 horas. Afortunadamente encontré una posada decente, buen cuarto y la comida pasable, donde me repuse pronto del viaje. Teziutlan es un pueblo bastante grande, construido sobre las pendientes y lomas de varios cerros. Por lo general son casitas y chozas pequeñas y la gente es muy amable. El negocio no estuvo muy bueno, como ya les platique la última vez, por la mala cosecha de tabaco. Para el viernes ya había terminado y seguí a caballo a Altotonga. Es mas chico que Teziutlan, pero mucho más amigable.
Las ventas fueron excepcionales e hice unos buenos amigos muy simpáticos. Lo malo era que la posada de allá es espantosa y la comida una porquería.
Tenemos ahí clientes muy buenos y amables. Uno me invito una vez a comer, eso estuvo muy bien. También conocí a un cura que hablaba bastante bien alemán. En el año 78 había estado en Alemania por algunos meses. Era un hombre de unos cuarenta años, la cara era lisa sin una arruga y la cabeza igual. Era sonriente, platicador y alegre, no parecia cura. Nos hicimos buenos amigos. Nos veíamos casi a diario y el ultimo día todavía lo visite para despedirme. Ya no me quería dejar ir, me enseño toda su casa, su biblioteca, donde hay un apartado con pura literatura alemana, que lee a diario. Me dijo que sentía mucha simpatía para con Alemania y que el próximo verano quería volver allá. Quiere acompañar a unos amigos para enseñarles este país maravilloso. Me prometió que entonces iba a visitarlas a ustedes si fuera posible. Al final todavía me presento a su hermana, una preciosa muchacha de unos 22 años, alta, fuerte, sanota, con pelo negro como el carbón y los ojos del mismo color, pero de complexión muy blanca con las mejillas coloradas como manzanas. Era muy amable y cariñosa, así que naturalmente ya no tenía tanta prisa en despedirme y mi visita se alargo por más de 2 horas. Durante estas platique y me reí como hace tiempo que no lo hago. Cuando al fin tuve que partir, me grito todavía desde la puerta que, cuando yo regresara, mi primera visita tuviera que ser su casa.

Podía tomar dos caminos: ya fuera regresando a San Marcos y desde ahí a Veracruz, o uno algo mas largo por Jalapa. Naturalmente preferí el segundo, para volver a ver mi querida Jalapa. Después de haberme despedido de mi cura y su hermana, me fui a caballo hasta Cruz Blanca, por el camino de la diligencia, para seguir con esta al día siguiente hasta Jalapa. A las 8 de la noche llegue con un tremendo dolor de muela, que me hacia ver bizco. Esta Cruz Blanca no es mas que un ranchito minúsculo con 5 chozas de madera. Uno de los rancheros me dio posada misericordiosamente. Para poder dormir y anestesiar el dolor me emborrache con aguardiente puro, la única bebida decente que pude conseguir. Me acosté tal cual estaba en una “cama” por demás primitiva. Pero no pude dormir. Tuve mucha fiebre; después de un sueño eterno desperté y pensé, gracias a Dios , pronto va a amanecer. Mire el reloj y ¡apenas eran las 10:30 de la noche! Desesperado me volví a tirar en la cama y la fiebre volvió a hacer presa de mi. Vi una inmensa cantidad de figuras nebulosas a mi alrededor, eran del tamaño de niños con cabezas redondas y lisas, como “Kloese”*. El día anterior estaba acordándome mucho de los que hacia Helena con Chucrut, por eso se me presentaron en los sueños. Cuando les decía a estos niños nebulosos ¿qué quieren? ¡No lo puedo llevar a todos en la diligencia, apenas hay lugar para mí! Asentían con sus cabezotas, saltaban a mi alrededor con unas risotadas burlonas, saltaban sobre mi, que de susto y desesperación me corría el sudor por todo el cuerpo. A cada rato despertaba, miraba el reloj y seguía oyendo las risotadas de los “Kloese”
A las 4 ya no aguante mas, me levante con cuidado, me puse mi abrigo militar, amarre un pañuelo alrededor de mi cachete hinchado y salí a la calle, donde apenas apuntaba el alba. En la oscuridad busque el camino al próximo cerro, donde había una gran cruz blanca y me senté a esperar la salida del sol.El amanecer fue tan espectacular que hasta mi dolor de muelas se me quito. Cuando me mire ya con luz de día pude ver mi cachete tan hinchado que no necesitaba espejo. Bueno, a las seis y media debía llegar la diligencia, a la que esperaba con una mezcla de esperanza y temor. ¿Qué me traería? Pero antes de esto la buena mujer de la casa se apeno de mi y me hizo una taza de “café”; hasta el día de hoy no se que es lo que me sirvieron. Imagínate una mezcolanza de hierbas silvestres, doble amargo de angostura, revuelto con cola y gelatina de grosella, rebajado con agua de lavar trastes! Entonces tienes una idea a que sabia. ¡Espantoso! Pero por lo menos era caliente.En esto llego la diligencia y me adelante un poco, para ver que clase de compañeros de viaje me iban a tocar…¿tal vez otra hijita mareada?…!estaba vacía!
Mientras subían mi equipaje, deje mi maletín de mano en un rincón y me acosté a mis anchas sobre el asiento con la intención de recuperar el sueño perdido en la noche. El cochero chasqueo con la lengua, las ocho mulas dieron un jalón y ¡zas! me fui de cabeza contra la esquina de enfrente. Bueno, una es ninguna, y me volví a acostar.En esto de repente se me cayo el sombrero en la cabeza. Estaba mirando hacia arriba y me fije que los soportes superiores estaban tan desvencijados que con cada brinco se balanceaban de atrás para adelante y así me habían tirado mi sombrero. ¡Esto era demasiado! Ni pensar en seguir durmiendo! Me senté y me agarre de los lados, con un miedo mortal, porque creía que en cualquier momento toda la caja se pudiera derrumbar, que llevaba encima mis dos maletas. Afortunadamente llegue con bien a Viajas, adonde subieron dos hombres y dos mujeres no muy jóvenes pero bastante simpáticas. De manera que ahora seguí por este espantoso camino en agradable compañía. No te puedes hacer una idea de las carreteras y los transportes de México. Si llame a la del otro día mala, le hice una gran injusticia. Era un pan con mantequilla comparado con esta y aquella calesa el dulce encima del pan, comparado con la de hoy. Como es que no se marearon aquellas dos damas te contare enseguida. No tuvieron tiempo. Habíamos viajado como una hora, eran las 10 de la mañana, cuando nos sacudió un golpe tremendo, todo mundo azoto contra mí que creí que me habían roto las costillas. Pero lo que se había roto era una rueda del carro. ¿Qué hacer? ¡Reparar la rueda era imposible!¡Había que regresar hasta Perote, de donde había salido el carro a las 2 de la madrugada, para conseguir otra rueda u otro carro. ¿Y nosotros? ¡Nosotros tuvimos que caminar dos horas hasta el próximo pueblo! Por la larde, como a las 4 o 5 nos recogerían ahí – era un pueblucho horroroso de 12 o 15 chozas. El dueño de una tiendita me presto un colchón y me acosté a dormir, era todo lo que ansiaba con mi cachete hinchado. Se hicieron las 4, las 5, 6, 7, 8, 9…y nuestra diligencia no llegaba. Entonces decidimos que cada quien se buscase alguna choza donde lo dejaran pasar la noche, ya que el carro aparentemente no venia. Yo me quede con mi tendero y su mujer compasiva. Con la ayuda de unos costales de heno y paños me fabrico un lecho encima del mostrador, sobre el que me acosté vestido, tapándome con mi fiel abrigo militar. Estaba a punto de quedar dormido, cuando toda la familia: 2 adultos y 5 niños que dormían todos en la tienda, gritaron ¡la diligencia!!! Yo salte del mostrador, me puse las botas y salí: ¡ahí estaba realmente, con antorchas de brea. Como a una señal aparecieron los demás. Entonces seguimos entre sacudida y traqueteo hasta que a las dos y media llegamos a Jalapa.
El hotel “la Diligencia”, donde me había hospedado anteriormente, estaba lleno. Deje encargado ahí mis maletas y me fui a otro, donde conseguí con mucho trabajo un cuarto. Y cuando al fin me había acurrucado confortablemente en mi cama, pensé que seria inhumano volver a levantarme a las 6 de la mañana para seguir a Veracruz. Mejor me tomo un día de descanso aquí y me repongo de las penalidades pasadas. En Veracruz de por si no iba a tener ocasión de descansar., Así lo hice. Me quede en cama hasta las 10 de la mañana. Luego le di una vuelta a nuestros clientes, desayune a las 12 y me senté en el jardín del hotel para leer. Entonces me acorde de mis maletas y decidí echarles un ojo. Me fui muy contento al hotel - ¡cuando me tope con la corpulencia de nada menos que el Sr. Mertens! Plantado en el pasillo. Me dijo, pelando tamaños ojos. ¡“aquí esta usted! Hoy en la mañana me sorprendió ver sus maletas y de Vd. ni sus luces!” Pues mis maletas me habían delatado, no había manera de inventar excusas. Le conté que me había quedado a descansar y que estaba feliz de encontrarlo porque se me había acabado el dinero y necesitaba 10 dólares. Pues ¡me los dio! Y después de saludar a su familia, que se encontraba ahí para pasar el verano, me despidieron con benevolencia.
Al día siguiente, a las 7 de la mañana me subí al tren de mulas sobre rieles,** tome en Rinconado su famoso y riquísimo desayuno y llegue a las 5 de la tarde a Veracruz, muy contento y con el cachete desinflado.

“Kloese” son unas albondigas de papa grandes que se hierven en agua y acompañan carne y

chucrut.**Tren de mulas sobre rieles: es un tren jalado por mulas.

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